¡Lluvia! Que tus misericordiosas
gotas de primavera bañen
con indulgencia mis hojas
de otoño.
Que las bañen de manera tal
Que vuelvan a florecer verdes
Y coloridas.
Déjame absorber esa pureza
Caída del infinito tal como
Lo hace el zorzal que con
Gracia danza por el regalo
Que le has enviado; como
La paloma, quien quieta
En espera de nube luminosa,
Ha enmudecido hasta sus alas
E inerme bajo tu manto
Cristalino aguarda su palomo
Enamorado.
Déjame ser amapola recién
Recién nacida que no teme pender
De una rama casi deshecha,
Que se mantiene incólume
En la cumbre del alma de
Un árbol cuyos brazos
Ha extendido hacia mí,
Invitándome a nutrirme
De su sabia sabiduría.
¡Lluvia! Que mis pensamientos
sean copioso reflejo del infinito
y que cristalinamente bañen
el alrededor maldito.
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