viernes, 26 de octubre de 2007
Sonido Mágico
que tu sonido penetrante
se cuela en mis venas.
Un tono más alto
se alza sobre mi cabeza
y escapa al infinito,
buscando a su pareja.
No te detengas, por favor,
que se inquieta mi alma,
y no prenderá más.
Tu palmoteo al viento
muy bien le baila
a mi mano incipiente.
Te sigo.
jueves, 25 de octubre de 2007
Visión Real
Visión real
En el sueño de aquella noche,
la figura le mostraba su guadaña,
Queriendo intimidarlo,
Queriendo romper su espada.
No supo de la imaginación de un fruto,
Tampoco de luces cargadas con simbolismo,
Sólo aparecían ante sus tres ojos
Como queriendo significar algo benigno
Que ocurriría algún día.
Y tal fue su sorpresa
Cuando se asomó
Una voz luminosa:
Sonaba lejana, familiar,
Quebrantada por algo
Que había sucedido.
Sonidos innecesarios
Para adivinar:
En el cielo había ya
Una nueva estrella,
Brillando desde lo alto,
Enviando sus últimos
Suspiros a las estrellas
Terrenales que lloraban
Su partida.
Y el genio solo
En su torre,
Escuchaba el destello
Del astro, no caído,
Lamentando la ironía
Que le producía placer,
Lágrimas ya no quedan.
El infortunio de nuevo
Llamaba a su puerta,
En forma de estrella blanca
Al cielo ascendida.
miércoles, 24 de octubre de 2007
Transfloración del Amor Aparecido
Transfloración del amor aparecido
Cuando tú apareciste, penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida; pero habías al fin aparecido... R.A
Los bosques de primavera se abren de par en par
Para que juntos nos deslicemos cuando la tibia brisa,
cargada de polen, cantos de aves y rumores banales
hace su aparición. Ella se ha enamorado y
dado cuenta de que el aroma frondoso de las arboledas
es el amor que siempre había anhelado;
y me lo ha confesado una tarde con un apretado suspiro
que arrastró mis secas hojas de otoño recién pasado.
¡Vida! Qué vida la que he vivido estando vivo!
Un nuevo amanecer se avecina a la vuelta
De la sombra que ya escasamente proyecta
Tiniebla sobre la flor de la existencia
De un hombre cuyo corazón recién
Aprende a latir como un adulto.
Un nuevo amanecer que trae consigo
Poemas y alegrías, que se ha deshecho
De elegías pretéritamente necesarias,
Que ha legado en versos mis más
Recónditos paisajes; esos que detallaban
Los minutos de una vida maltrecha, desamparada,
Socavada desde el nacimiento hasta el supuesto
Bello albor.
En la noche en la onda de mi almohada
Mi mente reposa de tanto pensar en ti,
De tanto tratar de reconstruir tu figura
Con líneas destellantes de blanco vivir.
En mis sueños, te sigo con hidalga voluntad
De caballero sin combate antecedente
Que dócilmente se escabulle entre miedos
Infundados según lo alto de la mente.
La aurora y sus dedos de seda dorada
Se cuelan entre soniquetes de lucidez
Que me recuerdan que el sueño me ha dejado
Gusto de esperanza de verdadera mujer.
Te describen titilantes estrellas
Que de día tu silueta forman
Para que mi recuerdo no se corrompa
Por la distancia que de noche acecha.
Me he vuelto enemigo del tiempo
Y tu rostro se dibuja en luna llena,
Sonriente musa de piel morena,
En un juego que recién comienza.
El brillo que he descubierto
No lo empaña la ausencia
Que al no estar contigo
Mi alma siente;
Estás en mí presente
En eterno recuerdo
De momentos alegres.
Y al compás de poesía sonante
La tinta que del cielo cae
Mancha en una hoja,
Como mensaje que trae la paloma
Que a las ventanas de mi corazón se asoma,
Palabras de amor que me vuelan razón
De todita persona,
De mi corazón para ti se asoman.
El amor por ti ha nacido
Y aunque no lo diga el tiempo,
Lo dice el corazón mío,
Mi bella flor de mirada risueña.
Transfloración de un ave
De lo más sublime que puede percibir una limitada mente, en un intento por desenmarañar el tormentoso ir y venir interno.
Marcos Hugo
Transfloración de un ave
Tu vuelo, ave imperceptible, agitado y eterno,
guiado sólo por la intuición celestial,
vislumbra, a lo lejos, un riachuelo y manantial
cuyos rebozos invernales revisten un desolado infierno.
¡Oh Ave! En tu desventura experimentaste el dolor.
Se te escaparon mil y un lamentos,
mas renaciste una y otra vez de tus sufrimientos
y permaneciste recia, con un tono blanco de color.
Hoy otras aves buscan tu amable consejo,
aves primerizas cuyo agitado y eterno vuelo
termina por desmembrar sus débiles alas en otoño.
Por tu lado, no se pronuncia ni un mínimo dejo,
rompes hasta el más ferruginoso hielo
y encaeces así a tus más nobles retoños.
Mira en qué momento aparecer
has decidido:
de la copiosa lluvia has surgido,
gavilando, tierna, al amanecer
sin odio ni miedo, sin desfallecer!
Cuando el desierto ya tal no era,
abrigaste en tu figura alada
cual primavera
en invierno dócile, sosegada
al más amargo, impío recuerdo.
Dichosa regresarías al cielo,
buscando, sí, protección y consuelo,
anhelando algún día tu suelo.
Graciosa volarías por las alturas,
bordeando nubosas espesuras,
trayendo paz a bardosas llanuras.
se pierde en vientos y lejanías,
débil, moribundo de lozanía,
ningún eco ya jamás engendrará.
En la espesura de arrabales,
imperceptible será él, tu canto.
Rasgadas manos brotarán al paso,
desde celadas cuevas del espanto,
descargándole más de un zarpazo.
Mira, ave, tu melodioso canto
como escurre entre pastizales,
como se disuelve en los rosales
y deslíe aquel umbroso manto.
malos caminos tomaste,
errante en luz sombría,
penante, alma baldía,
en la ruina te hallaste.
Estertor imperceptible
dejaste ver en tu penar,
moribunda en tu nido
por anhelados latidos,
querías al cielo volar.
En tu camino, volabas pensante,
a veces, vehemente, delirante,
animosamente recalcitrante,
olvidando reparos de galante.
Presa fuiste de vagas ilusiones,
avivada con falsas devociones.
Afloraron en ti ruinas bicolores:
blancas de pena y melancolía,
rojas de coléricas abadías,
acopiadas
ciegamente en ti, alma baldía.
Mas renaciste, tierna y gozosa,
repleta de tan nuevas energías,
que esas ya viejas melancolías
no pudieron más desplumar tus rosas.
De la espesa tiniebla invernal,
apareciste radiante, cálida,
tiñendo de blanco, no escuálida,
a ese tu arco iris ya vernal.
Tú ave, en lo íntimo, ya sabes
que hoy tormentos aquellos te harán
prever bellos y velados celajes.
Aires límpidos por ti aguardarán,
bañando siempre esos arrabales
que un día tu canto extrañarán.
Transfloración de un Amor Imaginado
Transfloración de un amor imaginado
(Empiezo)
Enraizados pensamientos de amor incólume
Se debilitan con el aterciopelado arenal
Que se ondea con la brisa de primavera.
Dos siluetas rozan el horizonte marino
De vívidos sueños lejos de casa
Y una melodiosa mezcla de canto
Y naturaleza baña la calidez del día
Con encanto único.
La larga y fatídica espera llega
Al fin a un incierto destino:
Se derrumban años de búsqueda
Como si fuesen granos de arena
Que caen incólumes, presas
De imperceptibles soplidos
Desde la cumbre de artificiales
Socavones arenales.
A lo lejos, una borrosa silueta
Aparece tranquila, casi inmóvil,
Acompañada sólo por el mar
Y vaivenes, iluminada
Hasta sus huesos de acero
Por escuálidos rayos luminosos.
*******
Esos pensamientos ya no eran
Más que trayectorias palomeras
Que marcaban una época
En que el hombre
Aún en su edén vivía.
Una vez más espejismos irrisorios
Acechaban la tranquila ingenuidad,
Llenos de deseo e impulsivos
Como nunca antes.
Eran espejismos que proyectaban
Hermosas imágenes
De mujer y belleza.
Ella despertaba ternura y deseo
A la vez. Y un fino hilo de cordura
Guiaba y separaba lo real
De lo imposible.
Era una imagen bipolar
Que encerraba dos lejanos planos:
Uno lleno de dolor y vivencias imaginadas;
El otro, sólo de angélica sonrisa.
*******
(Caigo)
Al cielo grito con el pensamiento
Y no recibo respuesta alguna,
Lloro en la tierra mi sufrimiento
Y sólo muerdo piedras de la luna.
Pisoteo el cielo en esta mi locura,
Pateo nubes, ángeles y rayos,
Blasfemia que por muchos años
En mí no ha encontrado cura.
Respiro en el agua con grandeza,
Corro por el magma de sus venas,
Vuelvo al aire sin delicadeza
Y me cobijo en estrelladas cuevas,
En busca de la huella
De su fragancia, de ella.
Empiezo,
Caigo,
Sigo
Y me detengo
Como una roca,
Afilada y puntiaguda,
Al borde
De un precipicio
Cuyos mágicos brazos
Me invitan
A caer,
Otra vez.
Otra vez no!
Pedería su rastro.
Enloquecerían
Hasta mis dedos
Y no podría
Acariciarla.
Vuelo,
Me detengo:
De reojo,
Una montaña
Nevada hasta sus raíces,
Llovida hasta el macetero.
De ella,
Brota una luz
Que se marchita
Con la mirada inocente
De la cien de un hada.
*******
Avanzo en el sendero,
Tropiezo con la montaña
Y un curvo horizonte
Aparece de la nada,
Señalando al norte
Y percibo a mi amada.
Viste un rubio sombrero
Con jazmines que enlazan
Su cabello de terciopelo.
Esa montaña, ya monte,
A lo lejos me saluda
Y aguarda mi regreso.
*******
(Sigo)
La veo por vez tercera,
Empujada por el tiempo,
Cae tenue en mis brazos
Con el final del amor-destierro.
De amor el destierro mío
Que quemaba mis venas,
Sutilmente apagado
Sólo con un día verla.
Lunas de plata que miran
Atentas a mis palabras
E irradian bella dulzura
Que prende mi triste alma.
La noche ya es mi día,
Mi día ya es mi cielo,
Ya no hay más amargura,
Ya no espía más el miedo.
Cuento el tiempo otra vez,
En la noche las estrellas,
Cuento los días del reloj
Para nuevamente verla.
*******
(Canto)
Diosa luna, mira en mis ojos
Que le aparecen estrellas
Blancas, azuladas y violetas
Cual reflejo del sol en la tierra.
Mira mi pecho ya entreabierto,
De él un corazón se asoma
Coronado con roja sangre
Que ahora es de otra diosa.
Mira en sus ojos, te lo pido
Que sin su amor vivir no puedo
Y dime si están estrellados
Como los míos en su dulce sueño.
Susúrrale al oído, te lo pido
Que por las noches ya no duermo,
Que en ella pienso en el trasnoche,
Que por ella florece mi cielo,
Que imagino sentir cada instante
De su boca el dulce aliento;
Que de ella me he enamorado
Como un loco sin saberlo.
Diosa Luna, del olvido en sepelio
la desesperación me sonríe,
Cantando en un pasado imaginado
Donde, incólume, mi amor vive.
*******
(Me detengo)
Cuando en vaga ilusión
Con la vista agitada
En jardín de sombras
De ella la luz buscabas,
Avanzaste sin rumbo,
Ya perdida la mirada,
De pena orlados versos
Al aire se te alzaban.
*******
(Muero)
Abrigadora sombra de amor
Por la mañana,
De noche rumorosa brisa
Mi piel desgarras.
Cuando me veo inerme
En su mirada,
Feroz y punzante tu mano
Se abalanza,
Cual eterna, viva endecha
En fiel morada,
Que sobre lamentos alegre
Siempre cantaba.
*******
Enterrado en desolada tierra,
Vislumbro una aurora soleada
De cuyos angelicales colores
Manos serenan mi agitada alma:
Cuatro manos que en fatal destierro
Testigos de un sol que la luz amaga,
apostaron en mí cálido puente
que a mi vida sí ha de celarla.
“Lejano, triste sol de donde vienes”,
de una mano desnuda emana,
de otra gimiente de puntas rosa,
“¿Es amor el tuyo, el que se calla?”
Veo mi cuerpo ya no enterrado,
Y de su interior saco la nada,
Soterráneas nubes de primavera,
Cual pureza de flor lozana
Que del ave desanda el paso,
Riegan viejas semillas maltratadas
De infértil amor imaginado
Cuando mi alma apunta’l mañana.
Transfloración de un Amante Moribundo
Muy bien, lo’as conseguido:
Mi cara ya no tiene rostro
Tengo negros los dientes,
Ni qué decir de mis ojos.
Muy bien, lo’as conseguido:
Mi cuerpo está deshecho
Ni siquiera olores tiene,
No me cree ya su dueño.
Muy bien, lo’as conseguido:
Mis pies no caminan más,
Han perdido hasta sus huellas
Cuando te iba a buscar.
Muy bien, lo’as conseguido:
Mis manos ya no saludan
Por haber tocado el fuego
Que brotaban de tus lunas.
Muy bien, lo’as conseguido:
Mi corazón casi no late
En un abismo ha caído
De donde salir no sabe.
Muy bien, lo’as conseguido:
Ya no recuerdo el hablar,
Mi garganta se ha secado,
Se me ha roto el paladar.
Muy bien, lo’as conseguido:
Ya no tengo recuerdos,
En la noche aún los busco,
Mas he perdido el sueño.
Muy bien, lo’as conseguido:
Me’as cortado los dedos,
Acariciar mi guitarra
Por tu culpa ya no puedo.
Muy bien, lo’as conseguido:
La fe me la’s robado,
Ya no sé en qué creer
Sólo vivo del ocaso.
Muy bien, lo’as conseguido:
Contigo llevaste mi amor,
Nada más ya me queda
Que vivir en eterno dolor.
Muy bien, lo’as conseguido:
Aquí me tienes moribundo,
Ni una luz siquiera veo
A horas de dejar el mundo.
Simplicidad de Quiltro
En la calle corres presuroso,
Jugueteando entre pastos
Y basura,
Y sin ni una duda
Te abalanzas contento
Hacia mí, ajeno.
Nunca dueño has tenido
Menos un patio donde jugar,
Revoloteas por la vida
Como amo de todo lugar.
Tu simpleza nos conmueve:
Despreocupado aquí y allá,
No hay nada que te atormente,
Creemos.
Ejemplo has sido para muchos
Que por la vida yerran
Sin una mampara donde cobijarse;
Y envidia para otros
Que de lo simple un caos arman.
Dame un poco de tu simpleza,
De esa despreocupación sin sentido
Que de las pasiones aleja.
Ven y salúdame presuntuoso
De tus vivencias callejeras
Que te contaré sobre las mías
De monos en perreras.
Poesía a mi corazón
De su boca vertían sentimientos
Como del capullo botón de rosa,
De su alma nacía la emoción
cual fuego de un mar sin olas.
Su palabra en mi corazón caló
Honda grieta de blanca pureza,
Su mirada en la mía se hunde
Al son de tonada secreta:
Tonada secreta, de amor su habla,
Tan cercana entre cuatro paredes
Me seduce, me tienta, me susurra
“el único loco aquí no eres”.
La suya entre seis voces se luce,
Opacando callejera poesía,
Que de las palabras, lesa, se burla
Y de una vida nunca vivida.
Vuelvo a su sonido penetrante,
Presa, cautivo de voz melodiosa,
Enceguecido hasta las lágrimas:
Oh vida! De mi diario una glosa.
En bello verso la sigo al compás
De notas que detallan su morada
Que a veces por mera, tonta razón
Se disipa en mi realidad profana.
Nacimiento de un Genio
De odio leve asomo
En corazón malherido
Por mirada asesina
De aquel malnacido.
Siembra de incertidumbre
Y desidia postrera
Desde tierra lejana
Desata en triste pena.
Al aire libre pena
En sepelio de olvido
Va deshecha, casi muerta
Cual pierde su amorío.
El genio al fin despierta
Y le muestran su inicio;
El cielo, mar y tierra
Lo alejan del precipicio.
Con palabras punzantes
Cual hierro de guillotina
Atraviesa nube negra
De falso-oscura mentira.
Palabras con sentimiento
De un genio que condena
En cada verso, cada estrofa
Lo vil de la bajeza.
Ante un futuro incierto
Que cruel lastimaba
En inocente criatura
Las semillas del alma,
Nace el triste genio
Con su musa del alba,
Con mente fresca, indiferente:
Ha de ser el verso su arma.
No hay enemigo de humo
Que lo ataque por sorpresa
Ni que de noche criatura
En su vida se entrometa,
Ni que de día ángel
Negro robe sus perlas,
Ni mucho menos hadas
Cuyos cantos lo posean.
El genio ha nacido,
Vivido por un tiempo,
Crecido no en rosales,
Mas ya vendrá lo bueno.
Odio imperceptible,
Rencor ya más no cabe
En el corazón del genio
Que de amor aún no sabe.
Mas gracias debe darle
Al malnacido embustero
Que prendió mecha en su mente
Cual rojo al toro en ruedo.
Acuden en su ayuda
Viejos, de muchos, maestros;
Desde tierras taurinas,
Le regalan sus versos.
LLuvia de Primavera
¡Lluvia! Que tus misericordiosas
gotas de primavera bañen
con indulgencia mis hojas
de otoño.
Que las bañen de manera tal
Que vuelvan a florecer verdes
Y coloridas.
Déjame absorber esa pureza
Caída del infinito tal como
Lo hace el zorzal que con
Gracia danza por el regalo
Que le has enviado; como
La paloma, quien quieta
En espera de nube luminosa,
Ha enmudecido hasta sus alas
E inerme bajo tu manto
Cristalino aguarda su palomo
Enamorado.
Déjame ser amapola recién
Recién nacida que no teme pender
De una rama casi deshecha,
Que se mantiene incólume
En la cumbre del alma de
Un árbol cuyos brazos
Ha extendido hacia mí,
Invitándome a nutrirme
De su sabia sabiduría.
¡Lluvia! Que mis pensamientos
sean copioso reflejo del infinito
y que cristalinamente bañen
el alrededor maldito.
Gaviota Nocturna
Gaviota nocturna,
¡qué envidia me das!
Vuelas en las noches con soltura
Y no te preocupa
que se avecine la tempestad.
Yo acá lidio con mis tormentos
Observándote desde mi ventana
Que se me empaña
Con la humedad de lágrimas
Que no parecen mías.
Del puerto no vas al campo,
Te perderías y extrañarías al mar,
Ese que me ha quitado alegrías
Y convertido en eterno lamentar
Por la distancia que separa
A mi corazón de su palpitar.
Si en tu vuelo nocturno
Algún día
En emisaria de sentimientos
Te convirtieras,
Llévale los míos
A mi bella flor de mirada risueña,
Esos que hablan de amor
Puro que ella descubriera
Un día.
Eco del Silencio
En el silencio
Del silencio,
El eco del reloj
Me envuelve
Con su sonido.
Sonido silencioso,
Aburrido,
Que lento corre
En lo infinito.
Infinito sombrío,
Casi mudo
Y silencioso
Me envuelve
En lo finito.
Finito que ruge
Con un aire
Malnacido
En lo infinito
Del silencio.
Eco silencioso
Que ruge
Con lo infinito
Del silencio.
Dulce sabor amargo
Humo azul de la punta del vicio
Me calcinas las entrañas,
Eres un insulto a lo divino,
Mas te absorbo, figura extraña.
Por tu culpa muchos han caído,
Lentamente en las mañanas
Y sus débiles, angustiosos alaridos
por las noches te llaman.
Uno tras otro, en la locura,
Caen rendidos en el poso infernal,
Dejando un rastro de fina amargura.
Uno, dos y tres como en un panal
Dibujan estragos de su paso
En mi desgastado cenagal.
Desesperanto
Anhelo tenerte entre mis brazos,
Abrazarte con la mirada,
Sentir la fragancia de tu cabello
Y acariciarte eternamente.
Cómo espero ese día!
Maldito destino que me acosa:
Me aparta, me quita y me mata
Cuando voy a tocar el sol.
No soporto tanta incertidumbre!
Sólo quiero estar a tu lado,
Disfrutar de tu belleza
Y morir en tus brazos.
No soporto tanta soledad!
De tu luz sólo quiero alimentarme,
Enloquecer con tus besos
Y morir en tus brazos.
No soporto tanta angustia!
Sólo quiero sentir tu miel,
Desfallecer en tu regazo,
Bajo la luna abrigar tu piel.
No soporto esa apatía!
Que bien me la he ganado,
Muero cada minuto
Si no estás a mi lado.
En mis sueños, endulzas mis vivencias;
En mis pensamientos, eres la primera;
En el día, una imagen lejana,
Que con su indeferencia,
Mata el alma que me queda.
Confusión por la Nada
Y eso fue todo.
La cadena de eventos seguía su curso normal,
Sin reparar en sentimientos ni ideas de futuro,
Sin considerar el destino que ya estaba trazado
Desde lo alto.
Y el pájaro quería volar más alto que las nubes,
Sin darse cuenta de que sus alas se extinguían
Con el fuego eterno del los rayos;
Sin atisbar ningún otro congénere, siguió
Volando aún más alto que el horizonte,
Dejando en él un pasado cargado
De melancolía y soledad.
Su cadena proseguía.
Nada la podía detener ahora.
El amante del rayo luminoso se perdía ya
En tinieblas y una nube negra se posaba
En sus mejillas todas atormentadas
Por el dulce aroma de piel mustia.
Ojos mustios, los suyos.
Mustios como línea negra de mano carbonizada,
Que ni siquiera el pájaro vislumbraba desde más
Arriba del horizonte.
Y vivía el pájaro siempre tratando de llegar más alto,
Y vivía el amante en eterno recuerdo de noche efímera.
Y la cadena seguía su curso.
Sin reparar en sentimientos ni deseos.
Nada podía cambiar ya. Nada.
Ya nada se anhelaba con avidez
Ni se disfrutaba con placidez.
Nada.
Alba del Rocío
de azucenas y nardos,
subes a las nubes con tu
dulce cáliz de encanto.
A la vida sonríes tierna,
iluminado tristes almas
con sutil canto y gracia,
como la musa del alba;
Habitando corazones
de ríos y laderas,
incluso al ser rocío
umbroso de la tierra.
En lo alto, te abraza
el sol y desciendes al mar,
siendo en el aire testigo
de la luna, de su amar.
Graciosa brincas y corres
en ese mar, ahora cielo,
do ángeles y sirenas
lucen tus vívidos sueños.
*****
Gotas de todos colores
afloran en la aurora,
observando el brillo
de esta hermosa gota.
Rocío de primavera
que con sus lunas de plata
entró en lo imposible,
endulzando el mañana
de una gota nevado
que en un duro invierno,
maltraído e incapaz,
perdía su blanco azulado.
Quien feliz en su renacer,
Prometió ante la vida
Permanecer invisible
en ella noche y día,
manteniendo lúcido,
en su corazón siempre vivo,
el reflejo de la luz
de la gota de rocío.