miércoles, 24 de octubre de 2007

Transfloración de un ave

De lo más sublime que puede percibir una limitada mente, en un intento por desenmarañar el tormentoso ir y venir interno.

Marcos Hugo

Transfloración de un ave


Tu vuelo, ave imperceptible, agitado y eterno,

guiado sólo por la intuición celestial,

vislumbra, a lo lejos, un riachuelo y manantial

cuyos rebozos invernales revisten un desolado infierno.

¡Oh Ave! En tu desventura experimentaste el dolor.

Se te escaparon mil y un lamentos,

mas renaciste una y otra vez de tus sufrimientos

y permaneciste recia, con un tono blanco de color.

Hoy otras aves buscan tu amable consejo,

aves primerizas cuyo agitado y eterno vuelo

termina por desmembrar sus débiles alas en otoño.

Por tu lado, no se pronuncia ni un mínimo dejo,

rompes hasta el más ferruginoso hielo

y encaeces así a tus más nobles retoños.

Mira en qué momento aparecer

has decidido:

de la copiosa lluvia has surgido,

gavilando, tierna, al amanecer

sin odio ni miedo, sin desfallecer!

Cuando el desierto ya tal no era,

abrigaste en tu figura alada

cual primavera

en invierno dócile, sosegada

al más amargo, impío recuerdo.


Dichosa regresarías al cielo,

buscando, sí, protección y consuelo,

anhelando algún día tu suelo.

Graciosa volarías por las alturas,

bordeando nubosas espesuras,

trayendo paz a bardosas llanuras.

Tu canto, ave, como ya lo sabrás,

se pierde en vientos y lejanías,

débil, moribundo de lozanía,

ningún eco ya jamás engendrará.

En la espesura de arrabales,

imperceptible será él, tu canto.

Rasgadas manos brotarán al paso,

desde celadas cuevas del espanto,

descargándole más de un zarpazo.

Mira, ave, tu melodioso canto

como escurre entre pastizales,

como se disuelve en los rosales

y deslíe aquel umbroso manto.


En torpe desesperación,

malos caminos tomaste,

errante en luz sombría,

penante, alma baldía,

en la ruina te hallaste.

Estertor imperceptible

dejaste ver en tu penar,

moribunda en tu nido

por anhelados latidos,

querías al cielo volar.

En tu camino, volabas pensante,

a veces, vehemente, delirante,

animosamente recalcitrante,

olvidando reparos de galante.

Presa fuiste de vagas ilusiones,

avivada con falsas devociones.

Afloraron en ti ruinas bicolores:

blancas de pena y melancolía,

rojas de coléricas abadías,

acopiadas

ciegamente en ti, alma baldía.


Mas renaciste, tierna y gozosa,

repleta de tan nuevas energías,

que esas ya viejas melancolías

no pudieron más desplumar tus rosas.

De la espesa tiniebla invernal,

apareciste radiante, cálida,

tiñendo de blanco, no escuálida,

a ese tu arco iris ya vernal.

Tú ave, en lo íntimo, ya sabes

que hoy tormentos aquellos te harán

prever bellos y velados celajes.

Aires límpidos por ti aguardarán,

bañando siempre esos arrabales

que un día tu canto extrañarán.

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