Y eso fue todo.
La cadena de eventos seguía su curso normal,
Sin reparar en sentimientos ni ideas de futuro,
Sin considerar el destino que ya estaba trazado
Desde lo alto.
Y el pájaro quería volar más alto que las nubes,
Sin darse cuenta de que sus alas se extinguían
Con el fuego eterno del los rayos;
Sin atisbar ningún otro congénere, siguió
Volando aún más alto que el horizonte,
Dejando en él un pasado cargado
De melancolía y soledad.
Su cadena proseguía.
Nada la podía detener ahora.
El amante del rayo luminoso se perdía ya
En tinieblas y una nube negra se posaba
En sus mejillas todas atormentadas
Por el dulce aroma de piel mustia.
Ojos mustios, los suyos.
Mustios como línea negra de mano carbonizada,
Que ni siquiera el pájaro vislumbraba desde más
Arriba del horizonte.
Y vivía el pájaro siempre tratando de llegar más alto,
Y vivía el amante en eterno recuerdo de noche efímera.
Y la cadena seguía su curso.
Sin reparar en sentimientos ni deseos.
Nada podía cambiar ya. Nada.
Ya nada se anhelaba con avidez
Ni se disfrutaba con placidez.
Nada.
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