Amanecido el día,
mi mente a su luz
se alza
y con signos cautivantes
hacia una torre
me llama.
Despierto ahora pienso
en mis ojos ciegos
que buscan en el horizonte
del rojo cielo
aquello que perdido
afloraba de mi pecho
y desnudo como roca
roída por el hielo
avanza sin retorno
a su eterno velo
y desdibuja mi pasado
sin ningún recelo,
como al ángel caído
de un mero sesgo
sus alas aprisionan
sin ningún consuelo.
De fuego, la torre
que absorve
mi recalcitrante pasado
de papel
desdibuja la historia escrita,
pincelándola una y
otra vez
en alquimia con tinta rojiza
que al cielo
prendió ayer,
enmarcándola en mi pecho adolorido
por el despojo
de aquel desdén
y de mi corazón se asoman
nuevas líneas que el futuro
sólo ven.
No más apatía
ni letras si sentido,
sólo signos cautivantes
delínean mi destino
y alejados de las masas
mis pies encuentran su nido,
no! caminata errante,
no más sesgo de tu filo
sólo signos cautivantes
me alertan del peligro
y la luz de la sombra
me aguarda de testigo
si yaciera en el suelo
con mis pies fugitivos
y a la torre nuevamente
fuera en sacrificio
como árbol caído que al
bosque ya no da cobijo.
Amanecido el día,
mi mente a su luz
se alza,
abrigando viejas letras
hasta ayer
olvidadas.
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