
Retorno a un pasado que no provoca mayor revuelo. Se experimentan condiciones similares, anhelando descubrir algo más. Sólo de emociones nuevas se impregna este viaje, que en un momento en tormentoso litigio se convirtió; sólo ha de traer a flote lo que quedó relegado por las inconsistencias de la vida.
Retorno a un pasado que me condujo por un túnel negro y agriatado, cuyas lámparas de papel quemado nunca alumbraron mi camino. Revivir dicha travesía ahora hace que tiemble mi pie antes de pisar con holgura algunos de sus adoquines: el polvo nuevamente quiere convertirse en lodo y también frenar los pasos.
Retorno a un pasado despiadado que sin titubear de un brazo me sostuvo y, queriendo tambalearme a lo largo del camino, me llevó a lugares insospechados. Creí en la mano invisible y a sus faldas como niño miedoso me aferré, esperando llegar a mi destino sin tener que soltarme.
Retorno a un pasado abrumante, digno de novelas griegas, cuyos Dioses atormentan al hombre que con amargura e hidalguía carga a mano limpia sus bendiciones. De ellas no quiero ser testigo nuevamente.
Retorno a un pasado que entrecuela fugaces memorias de niño inocente palpando la arena fría de un sur congelado, construyendo camidos imaginados a un mundo feliz, con realidades perturbadoras como rayos luminosos cayendo del cielo sobre cabezas inocentes.
Retorno a un pasado que deja ver entre líneas los demonios que llevaba dentro: que actuando como identidades reales, se apoderaban de mi alma, burlándose de mí, riéndose en mi cara.
Retorno a un pasado inconcluso, repleto de alboroto, cuyo hilo de confusión se desenmaraña hoy en día.
Hoy retorno a un pasado que se congeló en el tiempo y sólo veo consecuencias desde un espectro más elevado que sin duda lo transformará en un presente más humano.
Retorno a un pasado que me condujo por un túnel negro y agriatado, cuyas lámparas de papel quemado nunca alumbraron mi camino. Revivir dicha travesía ahora hace que tiemble mi pie antes de pisar con holgura algunos de sus adoquines: el polvo nuevamente quiere convertirse en lodo y también frenar los pasos.
Retorno a un pasado despiadado que sin titubear de un brazo me sostuvo y, queriendo tambalearme a lo largo del camino, me llevó a lugares insospechados. Creí en la mano invisible y a sus faldas como niño miedoso me aferré, esperando llegar a mi destino sin tener que soltarme.
Retorno a un pasado abrumante, digno de novelas griegas, cuyos Dioses atormentan al hombre que con amargura e hidalguía carga a mano limpia sus bendiciones. De ellas no quiero ser testigo nuevamente.
Retorno a un pasado que entrecuela fugaces memorias de niño inocente palpando la arena fría de un sur congelado, construyendo camidos imaginados a un mundo feliz, con realidades perturbadoras como rayos luminosos cayendo del cielo sobre cabezas inocentes.
Retorno a un pasado que deja ver entre líneas los demonios que llevaba dentro: que actuando como identidades reales, se apoderaban de mi alma, burlándose de mí, riéndose en mi cara.
Retorno a un pasado inconcluso, repleto de alboroto, cuyo hilo de confusión se desenmaraña hoy en día.
Hoy retorno a un pasado que se congeló en el tiempo y sólo veo consecuencias desde un espectro más elevado que sin duda lo transformará en un presente más humano.
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